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Mi
pasión por la tecnología
1982, el año que comencé mi carrera de Derecho, fue el
año en que me compré mi primer ordenador, con dinero
que había ganado trabajando durante una campaña
electoral. Se trataba de un Sinclair ZXSpectrum.
Recuerdo que tenía 16 KB de RAM que yo amplié a 64 KB
“enchufándole” un enorme bulto detrás y que necesitaba
un reproductor de casettes para almacenar en cinta los
programas.
Me compraba revistas de programación y aprendí a
hacerme sencillos programas en BASIC. Las
revistas me acercaban a un sector, que entonces nacía,
en el que los modelos de ordenadores se sucedían ya a
la misma velocidad que ahora. Recuerdo como comparaba
mi ordenador con los que se iban comprando otros
“aventureros” de la informática amigos míos: el
Commodore 64 de Daniel Almárcegui, el Olivetti de
Antonio Paulo, el primer PC del padre de Alfonso Kurtz,
el Atari de Juan Carlos Ávila…(por cierto, casi todos
ellos acabarían dedicándose de una u otra manera a la
informática)
Mi siguiente ordenador ya fue un PC que todavía no
tenía disco duro, que corría no recuerdo que versión
del MS-DOS. Debió ser alrededor de 1985. Se lo
compramos a Santiago Baselga en Intercomputer, en lo
que supongo que eran los inicios de su “imperio
tecnológico”.
Después vino un ACER386 portátil, que sería el primero
de una serie de ordenadores a estrenar cada 2,5-3
años, en una especie de constatación de la veracidad
de la Ley de Moore. Por cierto, estoy
convencido que no es que Moore acertara al hablar de
la evolución de la capacidad de desarrollo tecnológico
de los ordenadores, al predecir que la potencia de los
microprocesadores se duplicaría cada 18 meses, sino
que acertó como estratega al “sugerir” a la industria
que, comercialmente, no le convenía sacar al mercado
procesadores más potentes a un ritmo superior al que
él había calculado.
Con ordenadores he hecho casi de todo menos jugar, con
juegos comerciales quiero decir. Además de
destriparlos, instalando y desinstalando software y
hardware, he ido haciendo cosas en autoedición, video,
retoque fotográfico, navegación por Internet,
aplicaciones ofimáticas para el trabajo, bases de
datos, análisis de aplicaciones de gestión de todo
tipo… Siempre más como curiosidad intelectual que como
especialización. Los juegos nunca me han gustado
mucho, con dos excepciones: un juego de golf y los
simuladores de vuelo. Reconozco que, aunque no le
dedico mucho tiempo, estoy fascinado con el último
simulador de vuelo de Microsoft.
Pero mi gusto por la tecnología va más allá de los
ordenadores. Siempre me he sentido atraído todo tipo
de aparatos electrónicos, sobre cuyos fundamentos
tecnológicos he querido estar al tanto. Especialmente
me interesa la televisión y el vídeo (ahora digital).
Desde hace 10 años tengo una antena parabólica
motorizada con la que, ya entonces, recibía más de 500
canales de televisión a través de más de 12 satélites
diferentes. Con la llegada de la TV digital,
los canales a los que tengo acceso son miles. En este
tiempo he hecho mis pinitos en edición de video, he
asistido a ferias profesionales de televisión, he
leído asiduamente publicaciones profesionales
del sector, etc… Una aspiración latente desde hace
años es, algún día, tener una productora de TV y
vídeo. |
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